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Sarai y la investigación artística

“Las políticas lingüísticas y las prácticas educativas se relacionan siempre con cuestiones más amplias de poder, acceso, oportunidad, injusticia y, a veces, discriminación y situaciones de desventaja.”

Antonio Gramsci (1971)

Hola, me llamo Sarai. Formo parte de DU-DA y nunca he desarrollado una investigación artística. Soy parte de la masa popular con la que los grupos de poder (o poder simbólico) intima para reorganizar la hegemonía cultural. Esto no lo sabía así de claro cuando me escabullí de las clases en la Universidad o cuando me metí por el forro Másteres y acompañamientos académicos varios. A pesar de mi Grado, y de ese tránsito iniciático por el sistema validador, mi aproximación a las herramientas, estructuras y políticas de la cultura fueron nulas. Empecé una deriva desestructurada de camuflaje de las mismas, entendiendo la realidad como una estrategia o un camino a prácticas culturales a las que prefiero llamar prácticas de elaboración estética indeterminada y que tenían un foco común: un interés que quemaba por dar visibilidad a historias, cuerpos, saberes, amores, partos, animales no humanos, microorganismos o procesos INVISIBLES y legitimar (aunque en ese momento era legitimarme) formas de expresión íntimas, experimentales, espirituales que me conectaran con otras que me ayudaran a imaginar nuevas maneras de estar en este mundo.

No me siento muy cómoda si tengo que teorizar sobre investigación artística, como comprenderéis. Aún me paralizo cuando me acerco a la escritura de textos de lenguaje institucional necesarios para pedir una subvención artística, una residencia o simplemente para estar en la esfera paradigmática de los que quieren vivir de la cultura. Un pollo, vamos. Prefiero directamente contar aquí un ejemplo de metodología usada en alguna de esas prácticas y así mejor.

Portamento es en musicología moverse “escurridizamente” entre una nota y su siguiente (ascendente o descendente) en todas las gradaciones posibles de fracciones de tono.

1. VIS A VIS

Mi primo José Luis (el primo de mi madre) ha estado en la cárcel más de 30 años. Tiene 56. Hasta donde yo sé lo más grave fue un secuestro de ancianos que llevó a cabo con la novieta que tenía entonces. Parece ser que en uno de estos robos la planificación fue frágil o el yonkismo muy bárbaro y encontraron a los abuelos en casa al entrar, con lo cual el hurto se llevó a cabo pero con la intimidación absurdamente necesaria para contener el miedo de dos ancianas vecinas. Ahí cayeron bastantes años. Después de 4 años de condena el abuelo se presentó en el cuartelillo para declarar. Contó que, en el robo, mi Primo José Luis (el primo de mi madre), los cuidó y los protegió intentando en todo momento contener esa situación. A mi Tía Maria Luisa (la madre del primo de mi madre) le dijo que no se podía morir con eso dentro y que por favor no le dijera nada a sus hijas. Fue un orgullo. UN orgullo pringoso que sale como escupitajo: él es bueno, es la droga. Porque el tema real con mi primo fue y es la heroína. Durante mi primer año de instituto mi casa me pillaba lejos, así que comía donde mi tía.

Cocinaba innato. Difícil de explicar. La gloria. Sonido de canario. La tele puesta. Mi primo casi siempre estaba enfermo, encerrado en su cuarto. Yo no podía entrar. Órdenes borrosas de un falso matriarcado que no era más que otra huida de la violencia. En esa casa solo vivía mi tía huida de las palizas y un yonki. Yo entraba. Siempre después de comer cuando mi tía fregaba. Mi primo en la cama mínima muy abrigado. Habitación semi vacía. Torres de cassettes al borde la cama. Sonando Triana o Camarón, Triana o Camarón, Triana o Camarón. Tibieza, sin embargo. Vente Sarita-, y yo me sentaba en la cama y le daba la mano y me pegaba un viaje musical del que no era consciente. El trance, yo pensaba que era la digestión de los fritos de mi tía y el mono de mi primo, pues un catarro malo. MI primo pensaba que era gitano, pera era payo. Eso lo entiendo porque me pasa a mí a veces.

Pronto empecé a visitarle a la cárcel Modelo de Barcelona y a escribirle cartas. Sus historias eran paisaje vivo que mi cámara buscó reproducir durante meses. Unas imágenes ruina: el bar del Luisi, la plaza de San Roque donde tocaba la guitarra, la chabola de los Heredia en la calle Floridablanca 27. La autopista. El nudo de carreteras que lo cobijaba después del pico, el balcón de mi tía. El ruido de la lavadora que se oía desde su cuarto cuando el mono se ponía intenso. Todo eso me explicaba y yo lo olfateaba desnuda de saberes, sin más barrio que el mío propio mucho más prosaico. Lo más parecido a la droga que yo había catado por entonces era un refregón lesbiano y morreos contundentes. Muchas historias de cárcel y de jaco se me atragantaban durante días. El motín de la modelo del 83, como caían tíos desde las galerías, como vendía todito lo que mi tía le compraba porque con dinero conseguía cualquier cosa. Filmaciones, algunas notas y algunas fotografías. Mucho de mi propia historia.

Ayer llamé a mi tía. La llamo cuando puedo. Ahora con el Covid algo más. Es muy intensa y siempre está mal, así que a veces no puedo sostenerla. Mi primo está en casa. Tiene un trabajo de media Jornada de jardinero – …pero esta perdío, nenica. Toma una droga malísima. Hablamos por primera vez de metadona y de que quiero hablar con él. -Dile que me llame tita, que yo no lo juzgo, me gustaría ayudar a mi primo.

No me ha llamado y en la espera surge el primer método de investigación artística que escribo aquí. Existía la posibilidad de:

Ordenar el material para una investigación artística y hablar de: el espacio público liberado, la precariedad como crimen, el pro-común y la arquitectura de mi barrio, la cultura y los bienes inmateriales en la periferia, los conocimientos contra-hegemónicos, tecnologías del placer, de la fiesta, de las drogas como espacio de transformación social. Feminismo comunitario, patriarcal, poscolonial, pedagogías libertarias como respuesta a la Violencia. Sistema de violencia que no cesa de reproducir sistemas de violencia.

Pero:

Un domingo de feria de Abril en el Fórum, N.A y yo nos emborrachamos de fino. Todo era muy rancio y apestaba a machirulo extremo. Nos fuimos con las bicis a mi barrio. N.A es Canadiense pero su familia se mudó a España cuando ella era adolescente porque su mama estaba llevando a cabo una investigación sobre la cultura Gitana. La conocí en la Panadería. Yo hacía el pan y ella lo vendía. Me flipaba ella, pero era un flipe benevolente de mujer resplandeciente que guarda piedras y misterios. Paramos en la plaza, sonaban guitarras, no me atrevo a decir flamenco. Pillamos unos quintos y nos quedamos un buen rato por un San Roque adormecido. Alguien se nos acercó, no recuerdo muy bien cómo fue esto pero empezamos a hablar de mi José Luis. -El osuna, pedazo de tío, eres su prima de verdad? ¡Qué paya loca! Con un cálculo aproximativo puedo decir que pasamos allí la tarde. Toqué todo lo que sabía a la guitarra. La memoria dulce me dice que nos sumergimos las dos en la condescendencia del alcohol y del hueco de nuestras manos íbamos bebiendo historias vivas que se instrumentalizaron performáticamente libres y espontáneas antes del anochecer. La casa de mi bisabuela Herminia. La muesca en la baranda de yeso con la que yo me enreaba de chica mientras mi mama se despedía en el rellano estaba aún allí. El bar del Luismi, donde bebimos más y juro que es verdad nos explicaron cómo comprar pistolas en el barrio. Pero no estaban limpias, eso sí. La chabola donde se pillaba, algo más arriba mi casa y la casa de mi abuela. Lloramos muchísimo juntas esa tarde. Un vaivén invisible. Cuerpos rebelados, cicatrices supurando. Mostrarse. Cuidados inesperados. Acabamos en la marisquería donde los pobres celebrábamos los Domingos, al final de la calle Orión, camino a la casa del Miguel, mi primer novio. La comida apaciguó, la noche se había filtrado del todo por la persiana a medio echar del restaurante. Salimos de la mano, cruzamos la calle en busca de las bicis atadas. Caímos como plomadas, la una sobre la otra en esa misma acera. Nos enrollamos, follamos. A veces no basta la conversación, sino que necesitas estar dentro del cuerpo que te escucha. Estar dentro de los procesos hasta ser consciente de sus paisajes visibles y de sus fluidos viscosos. La especulación teórica sobre un proceso artístico inconsciente y desmaterializado, muy cercano al ensayo. ¿Es posible homogeneizar la complejidad de las prácticas artísticas hasta el punto de generar teorías o normas que se puedan enseñar en esta Uni? ¿Podemos prescindir de la práctica para generar tan solo especulación teórica? ¿Podemos hacer un laboratorio poderoso como una cocina y tan válido como uno científico?

A mí me hubiera encantado que me enseñaran a especular y apareció DU-DA. Puaj, Panduro, Morir Guay, La segunda Duna. Se reveló para mí una manera distinta de hacer y un amor grande por Belén, Sonia y Clara. Du-Da es eso, un amor grande generador de preguntas.

Salió el dueño del restaurante. Os hablo como si fuerais mis hijas, no hagáis esto aquí- tufo paternalista, pero dulce. Volvimos a Casa en bicicleta. Paramos en una heladería para guiris de la calle Ferran y pillamos unos helados. La idea fue mía, me ardían las manos.

Otros ejemplos de PRÁCTICAS son: La tribu sugurú, las filmaciones del bosque sueco que constituye un material de más de 10 años, parir a Tigran y parir a Clara con Meli, *el kéfir es un champiñón*, filmar el cuerpo hasta tocarlo con Tanja Schlotter o Ver a una mujer con Mónica Rovira.

Autora Sarai Cumplido
Texto escrito para una clase de investigación artística impartida en el máster de Investigación en arte y creación en la Universidad Complutense de Madrid.