Make Death Soft Again
MAKE DEATH SOFT AGAIN es una línea de investigación artística que explora cómo rediseñar la cultura material de la muerte desde una perspectiva ecofeminista y comunitaria. A través de la experimentación con biomateriales, textiles, residuos orgánicos y procesos de transformación biológica (tintes naturales, fermentación), la investigación se pregunta qué otros materiales, objetos y rituales podrían acompañar la muerte.
La investigación parte de una crítica a las infraestructuras funerarias contemporáneas, diseñadas para estabilizar, encapsular y separar el cuerpo del entorno. Materiales impermeables, tratamientos químicos, ataúdes sellados y dispositivos de conservación configuran un régimen técnico que interrumpe o invisibiliza los procesos de descomposición. Frente a ello, MAKE DEATH SOFT AGAIN propone imaginar formas de relación con la muerte que no se basen en la contención, sino en la porosidad y la continuidad material con los ciclos de la vida.
En este marco se articulan distintas líneas de trabajo, prototipos y residencias:
Laboratorio de biomateriales con la planta de lúpulo investiga los residuos agrícolas del cultivo del lúpulo como materia prima para el desarrollo de estructuras funerarias biodegradables. A partir de tallos y restos vegetales habitualmente descartados, el proyecto explora su potencial para la creación de una envoltura funeraria capaz de reintegrarse en los ciclos ecológicos del territorio.
Criar Malvas. Laboratorio de biomateriales, vestimenta y muerte explora la relación entre indumentaria funeraria, cuerpo y descomposición. Investiga fibras naturales, tintes vegetales y materiales biodegradables para pensar la ropa mortuoria como una interfaz entre piel, materia y tierra, desplazando la idea de vestimenta como protección hacia una concepción de vestimenta como transición.
Residencia Sotabosc en el Laboratorio de Artes Contemplativas, investigamos la mortaja, una tecnología ancestral para acompañar la transición entre la vida y la muerte. Pensamos en algo blando, poroso y vivo. Una superficie que respira, absorbe y que huele. Trabajamos con materias vegetales del entorno y tintes naturales.
Estos proyectos funcionan como variaciones de una misma pregunta: ¿Qué significaría hacer la muerte blanda otra vez?
Quizá recuperar la posibilidad de tocarla, velarla y sostenerla colectivamente. Sustituir la dureza del hormigón por la humedad de la tierra. La impermeabilidad por la porosidad. El aislamiento por la comunidad. El control por la confianza en los procesos naturales de transformación y descomposición.
Hacer la muerte blanda implica reconocer que los cuerpos no desaparecen: se transforman. Se convierten en suelo, microorganismos, raíces, alimento y paisaje. Morir deja así de ser un punto final para entenderse como un proceso continuo de interdependencia material con otras formas de vida.
MAKE DEATH SOFT AGAIN articula un conjunto de investigaciones, prototipos e instalaciones que ensayan una cultura funeraria capaz de sostener la fragilidad sin ocultarla y de reintegrar la muerte dentro de una ecología ampliada de relaciones entre cuerpos, comunidades y territorios.



